viernes, 10 de agosto de 2007

Algunos sapos mueren en setiembre



Todavía me cuesta creer que en tu aeropuerto no me hayan cobrado sobrepeso, y mas aun, que el espíritu dupinesco de tus colegas haya pasado por alto que además de la cartera, el bolso y el maletín, yo cargaba en mis maletas al mismísimo edificio del María Auxiliadora con sus treinta y cinco monjas muy bien acompañadas por toda clase de fetiches religiosos: relicarios, rosarios, crucifijos para todos los gustos, estampitas, misarios, querubines rechonchos, botellas de agua bendita y una colección de San Antonios puestos de cabeza...

Con dieciocho años recién cumplidos y semejante bagaje cultural, aterricé yo en tu país y en tu vida. Y es que no fueron cinco ni seis, fueron trece años durante los cuales mi cabeza fue llenándose de diluvios, serpientes, demonios, manzanas, arcas y mucho, muchísimo azufre. Cuando pienso en mi adolescencia lo que veo es un prolongado y sistemático exterminio de estrógenos.

Así que mientras tus hormonas crecían libremente en el ambiente más laico y provenzal de este país, yo me las ingeniaba para sobrevivir a los delirios de una orden religiosa que había sepultado al deseo bajo gruesas bolas de naftalina. En pleno siglo veinte y aunque no podás creerme, tenía que ducharme con ropa y sentarme en la taza a esquivar la samueliadora mirada de Dios. Todo porque en el umbral de los baños y en cada pared disponible de mi adolescencia, las monjitas se esmeraron en grabar el eslogan: "Dios me ve". Es claro que en asuntos de propaganda, la Madre Superiora no tenía nada que envidiarle a Goebbels.

Te aseguro que al terminar quinto año y como resultado de una sobre exposición a la mirada de Dios, el estreñimiento existencial me había convertido en una Eva que paría con dolor los cerotitos más angelicales en la historia de Occidente. Entretanto, vos te fumabas tu primer puro, buscabas la playa bajo los adoquines, te cogías a tu profesor de Literatura Latinoamericana y aprendías a tomar la píldora; todo al mismo tiempo y sin el menor asomo de culpa.

Pero nada en ese colegio, ni siquiera ir al baño con el ojo de Dios espiándote los escondrijos, era tan repugnante como el padre Gomariz.
El jueves por la noche significaba en mi vida la puesta en escena de aquello que las monjas llamaban infierno: daba vueltas en mi cama buscando pecados que complacieran las expectativas de ese gordo insaciable. Todas sabíamos que para Gomariz el peor de los pecados era llegar a su confesionario con la boca vacía de culpas.

Sin embargo, a cada sapo le llega su hora y Gomariz no fue la excepción.

Ocurrió un 25 de setiembre. Ese día, luego de ver el chunchero que arrastraba yo desde el otro lado del planeta, intuiste que mi sobrepeso religioso era solamente la punta de un iceberg y que en el fondo había un Yo Pecador mucho más pesado que mi equipaje. Entonces, alzaste la voz y en un francés perfectamente articulado, dijiste que probablemente mademoiselle la costaricaine era del tipo de mujer incapaz de tirarse un pedo por temor a las represalias divinas... y entonces, por primera vez en no sé cuántos jueves, me reí tanto y con tantas ganas que dejé escapar uno, ruidosamente y sin cargos de conciencia.

Esa noche logré dormir tranquila.

El sapo había muerto.

3 comentarios:

Adriana dijo...

Pues lamentablemente muchos de mis Sapos no han muerto, pero espero con ansias ese dia.
:-)

AV

Caro dijo...

Mae que espectaculaarrrr...por un momento crei que en efecto mi estimada cerotita habia salido del Maria Auxiliadora y le se confesaba todas las semanas...me fui en el ride (y yo que solo te habia visto orandole a dona Libi). Me alegra en "puta" que finalmente hayas "salido del closet" y nos deleites con tus escritos. No he leido todo lo que has publicado, tendre que ir "deapoquitos". Un abrazo!

Tartaruga dijo...

Justamente el 10 de agosto estaba viedo por segunda vez una lluvia de sapos (por eso de las magnolias), y fue como un suspiro para el corazon...!

 
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.