¿Por qué se escandalizan tanto los medios de comunicación y los grupos oligopólicos chilenos con la imagen de los saqueos? ¿Con qué reserva moral juzgan y reprueban el comportamiento de cientos de chilenos y chilenas que, en las horas posteriores al terremoto y el tsunami del 27 de febrero, no vieron mejor cosa que saquear supermercados y farmacias? ¿Por qué se refuerza, de manera insistente, la idea de que esos “otros” que saquearon almacenes y farmacias, no son los “verdaderos chilenos”? ¿Quiénes y cómo se espera que sean, entonces, los “verdaderos chilenos”? ¿Cómo se supone que debía comportarse un “verdadero chileno” en zonas donde la ayuda, lamentablemente, empezó a llegar muchas horas después de pasado el terremoto?
¿Cómo es posible que quienes defienden a ultranza una postura ideológica que sobrevalora la competencia, la agresividad, el utilitarismo y el individualismo como formas de relacionarse, e incluso, de anular al otro, se espanten ante el estallido fáctico de esas formas de comportamiento que ellos mismos defienden, y que, además, se atrevan a señalarlas y satanizarlas? ¿No era hasta cierto punto esperable que en un país que ha sido sistemáticamente sometido a la privatización de sus recursos y sus riquezas más elementales: agua, energía, telefonía, educación, salud… gran parte de la gente reaccionara con esa furia desbordada y marcadamente individualista? ¿No era acaso lógico que a un país, a una sociedad a la que le han ido mutilando de forma programada las instancias y los espacios para defender sus propios derechos ante el capital privado y extranjero, donde las personas trabajan diez horas diarias, cinco días a la semana, con escasa o nula posibilidad de sindicalizarse, con salarios mínimos que rondan los 168 mil pesos al mes, reaccionara de manera tal ante una situación que era, a todas luces, absolutamente inesperada y a la que se sumaba la escasa previsión en cuanto a mecanismos de evacuación?
Orgullosos deberían sentirse los medios y los grupos de poder chilenos de que un gran porcentaje de la población afectada –no toda, afortunadamente- reaccionara tal y como ellos la han moldeado desde hace 30 años: llevando a la práctica el axioma de que para ser hay que tener y acumular. Olvidaron los saqueadores, al igual que los presidentes-empresarios y los ministros-gerentes, que los televisores de pantalla plana, por esas cosas de la vida, no resuelven las necesidades más inmediatas de alimento, cobijo y seguridad.
¿Qué nos están diciendo esos chilenos que, además de llevarse el alimento que necesitaban, optaron por robar mucho más para luego venderlo a sus vecinos? ¿Qué tiene de chocante para un empresario ver al pueblo desbocado, obedeciendo al pie de la letra su ideología de que lo que importa, ante todo y sobre cualquier cosa, es lucrar, incluso con el dolor y la necesidad del otro?
Esos que se escandalizan ¿querían acaso que luego de ver arrasadas sus casas, sus lugares de trabajo, de ver morir ahogados a sus familiares y amigos, los damnificados se contuvieran estoicamente e hicieran fila para usar sus tarjetas de débito marca Falabella en el supermercado más cercano? ¿Querían que se aguantaran el hambre y la desesperación, que respetaran el “orden” en espera de los camiones que llegarían varios días después, en conjunto con los militares y los toques de queda?
La reacción de mucha gente, en esas comunidades afectadas, no es en absoluto gratuita y pone en evidencia lo que le pasa a un pueblo al que le han tratado de anular por todos los medios simbólicos y estructurales posibles el sentido de pertenencia y de colectividad; pone en evidencia lo que pasa cuando el eje de la vida queda fijado en una única preocupación: sobrevivir a como dé lugar y pasar por encima de quien haya que pasar para lograrlo. La “turba”, como le llamaban los medios, es el resultado de años y años de miedo, indiferencia y políticas excluyentes, nada más que eso. La violencia, por supuesto, es su lenguaje.
¿De qué se escandalizan las élites políticas y El Mercurio? ¿No están acaso recogiendo lo que durante tantos años han sembrado: el desbordamiento de la ira y la insatisfacción colectiva?
Los pobladores de Dichato, Concepción, Cobquecura y demás zonas afectadas fueron directamente a supermercados y farmacias, lugares donde sabían que podían abastecerse, a la fuerza o como fuera, de lo más básico. Los mismos lugares, vale decir, que han sido denunciados en reiteradas ocasiones por competencia desleal, abusos de precio y ausencia de libertades sindicales para sus trabajadores. Así las cosas, en este universo de pro-actividad donde todo es vendible y transable, ¿no resulta lógico que los consumidores –sujetos sociales a los que antes se les llamaba ciudadanos-, en una especie de ajuste de cuentas, cobraran un poco de la bonanza que ellos mismos han colaborado a crear?
Vuelvo entonces a la misma pregunta: ¿quiénes son y cómo deben comportarse los “verdaderos chilenos”? ¿Se espera de ellos que sean solidarios y pacíficos?, ¿que antepongan el bien colectivo a sus intereses de supervivencia más inmediatos, a pesar de que hace más de treinta años que se les inculca lo contrario? ¿No es esto una obscena y descarada doble moral?
¿Saquear no era acaso la forma más "proactiva" y "agresiva" de conseguir y satisfacer sus necesidades más básicas? ¿No es ese comportamiento consecuente con la lógica del llamado “libre mercado”, ideología que defiende la idea de ser competitivo y agresivo en todas las facetas de la vida? ¿Por qué entonces ese extrañamiento frente al actuar de una masa que simplemente llevaba a la práctica, de la manera más desesperada, tales preceptos? ¿A qué obedece tanto escándalo y sermón moral? ¿Por qué se les llama bárbaros si lo que hicieron fue, en buena parte, llevar a la práctica el know how del capitalismo extremo?
La solidaridad, en Chile y el mundo, se ha ido borrando del discurso y de la praxis: ahora se hace “trabajo en equipo”, pero se hace para cumplir con metas y objetivos, en pos de la productividad y la reproducción del sistema; no se hace para compartir o aprender con el otro.
¿Y qué pasa con el saqueo como práctica institucionalizada? Al saqueo que llevan a cabo las transnacionales se le llama, comúnmente, "desarrollo" o "emprendimiento". ¿Entregar el cobre a empresas privadas y cobrar un impuesto ridículo a cambio no es una forma de saqueo también, al igual que la contaminación de los mares por parte de las salmoneras o el uso indiscriminado de los suelos por parte de las forestales?
El pueblo chileno, en su conjunto, ha sido saqueado una y otra vez, y eso le ha permitido erigirse en modelo y laboratorio del capitalismo extremo. Es el único miembro latinoamericano de la OCDE (organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), suerte de "VIP" de los países llamados desarrollados; sin embargo, de qué le ha valido estar entre los más avanzados si, a la hora de la hora, ha quedado en entredicho su capacidad para ir en ayuda de los más necesitados en las zonas afectadas.
Saqueadores han sido las empresas inmobiliarias que desaparecieron o se declararon en quiebra para evadir sus responsabilidades con cientos de inquilinos que, durante años, han pagado cuotas altísimas para tener su propio apartamento. Saqueadoras, a su vez, son las tres o cuatro familias multimillonarias que el día de la Teletón made in Don Francisco donaron el menudo que les sobró de sus utilidades anuales, esas mismas corporaciones que alistan motores y se afilan los dientes para ir a lucrar con el negocio de la reconstrucción de las zonas arrasadas. En definitiva, era necesario que muriera y desapareciera la cantidad de gente que murió para que, en un abrir y cerrar de ojos, los Luksic, familia dueña de la mitad de Chile –la otra mitad le pertenece al recién investido presidente- sacaran 2.700 millones y lo donaran, sin "interés alguno" y sin arrugar la cara.
Cabe decir, además, que esos “pillos”, esos “salvajes”, esos “otros” de las "turbas" no eran, en su gran mayoría, delincuentes: eran gente común y corriente, profesionales de clase media y sectores trabajadores. Gente cansada y asustada, con necesidades básicas, con miedo, hambre y sed. Lo que se vio en los días posteriores al terremoto fue absolutamente sobrecogedor, porque esos otros, agresivos y desesperados, esa cara sin nombre que nosotros, en Santiago o en cualquier otra parte del mundo, veíamos en la tele, podría, perfectamente, ser cualquiera; de hecho, éramos todos.
Esas “hordas desaforadas” fueron la excusa perfecta para lanzar los milicos a las calles y reforzar en el imaginario colectivo la idea de que la única forma de llamar a la calma es con el “brazo militar”…peligroso mecanismo si se tienen en cuenta los antecedentes de un país como éste, donde el carácter “imprescindible” de las fuerzas armadas es una idea profundamente instalada en la mentalidad del chileno promedio.
A Chile, con este terremoto y el sufrimiento de tantas personas se le ha caído una vez más la careta, el disfraz que pone en duda su “milagro económico". Pienso, con el paso de los días y las réplicas que siguen sacudiendo esta tierra, que es importante vernos reflejados en esos "otros" anónimos de Dichato y Talcahuano.
Chile y Haití… quién lo iba a decir, dos caras de una misma moneda.
lunes, 15 de marzo de 2010
domingo, 10 de enero de 2010
brindis pa empezar
Antes de empezar cualquier cosa en este 2010, voy a destapar con uds una latica de cerveza y agradecer profundamente a todos los viajantes que han pasado por acá en algún momento de estos años.
A los que llegaron y no volvieron, a los que llegaron una vez y siguieron pasando, a los que leen y comentan y también a los que no. Todos uds me han ayudado a seguir adelante con este Sur.
Les agradezco mucho el tiempo que se toman para leer los textos, así como sus comentarios y su silencio, su compañía, su buen humor.
Espero que sigamos topándonos en estos rumbos donde son siempre bienvenidos y espero seguir visitándolos en sus bloguerías.
A todos, un abrazo grande de año nuevo.
Salud!
A los que llegaron y no volvieron, a los que llegaron una vez y siguieron pasando, a los que leen y comentan y también a los que no. Todos uds me han ayudado a seguir adelante con este Sur.
Les agradezco mucho el tiempo que se toman para leer los textos, así como sus comentarios y su silencio, su compañía, su buen humor.
Espero que sigamos topándonos en estos rumbos donde son siempre bienvenidos y espero seguir visitándolos en sus bloguerías.
A todos, un abrazo grande de año nuevo.
Salud!
sábado, 26 de diciembre de 2009
;;;;;;
He sido una boca herrumbrándose de pájaros,
terca,
como las mujeres que se dejan masticar por los charcos
y saben que los talones,
con la lluvia,
terminan siendo más pesados que sus cicatrices.
He llegado hasta aquí por el tiempo
ese gran ojo que mira al día con tristeza.
He sobrevivido porque el miedo,
oscuro y necio,
nos sigue abriendo la puerta,
porque es arrugado y flaco
como el primer día del calendario
y huele a barco que se hunde
a madera.
Sigo estando porque soy torcida como mi espalda
Porque las vértebras y la ausencia son
la raíz de todo lo que escribo.
Amanezco porque me gusta ver la calle desde tu lado de la cama,
porque muchas veces he sido el más absurdo de tus cansancios.
Camino en el sonido de un lunes que se rompe cada lunes
y sigo llegando aunque la vida nuestra
haya muerto cuatro veces colgada en los alambres de una misma mañana.
He sido como el suelo,
el primer migrante de todos.
Se me ha ido la vida esperando que la noche caiga y se reviente,
que su olor quede esparcido
en los cincos dedos de la mano abierta.
Fui silencio de no querer más
pero regresé un día cansada de tragar lluvia en las esquinas
a echarme sola en tu lado de la cama
con el único objetivo de aburrirme a muerte
y descansar la espalda de fronteras rotas.
terca,
como las mujeres que se dejan masticar por los charcos
y saben que los talones,
con la lluvia,
terminan siendo más pesados que sus cicatrices.
He llegado hasta aquí por el tiempo
ese gran ojo que mira al día con tristeza.
He sobrevivido porque el miedo,
oscuro y necio,
nos sigue abriendo la puerta,
porque es arrugado y flaco
como el primer día del calendario
y huele a barco que se hunde
a madera.
Sigo estando porque soy torcida como mi espalda
Porque las vértebras y la ausencia son
la raíz de todo lo que escribo.
Amanezco porque me gusta ver la calle desde tu lado de la cama,
porque muchas veces he sido el más absurdo de tus cansancios.
Camino en el sonido de un lunes que se rompe cada lunes
y sigo llegando aunque la vida nuestra
haya muerto cuatro veces colgada en los alambres de una misma mañana.
He sido como el suelo,
el primer migrante de todos.
Se me ha ido la vida esperando que la noche caiga y se reviente,
que su olor quede esparcido
en los cincos dedos de la mano abierta.
Fui silencio de no querer más
pero regresé un día cansada de tragar lluvia en las esquinas
a echarme sola en tu lado de la cama
con el único objetivo de aburrirme a muerte
y descansar la espalda de fronteras rotas.
martes, 22 de diciembre de 2009
lunes, 7 de diciembre de 2009
"""
Es fácil quedarse
en la misma arruga del espejo,
Levantarse, bañarse,
Llenar de nubes las canoas
abrir el tubo de la pila y escuchar al día hacerse polvo
Andar la cama ronroneante,
colgada como un animal entre las piernas
patearla con ganas
a la pobre
hundirla en el labio rojo de la alcantarilla
y ver los sueños, tercos,
verlos como borran las orillas con esmero.
Buscar latas y barquitos,
donde nunca sube la marea.
no soy la última
tampoco la primera.
Es la calle
o veintitantos almanaques mordisqueándonos la espalda
sin platos sucios
sin mesa, sin boronas.
Se trata de luciérnagas o una lavadora vieja
de nubes grises al otro lado de la puerta.
en la misma arruga del espejo,
Levantarse, bañarse,
Llenar de nubes las canoas
abrir el tubo de la pila y escuchar al día hacerse polvo
Andar la cama ronroneante,
colgada como un animal entre las piernas
patearla con ganas
a la pobre
hundirla en el labio rojo de la alcantarilla
y ver los sueños, tercos,
verlos como borran las orillas con esmero.
Buscar latas y barquitos,
donde nunca sube la marea.
no soy la última
tampoco la primera.
Es la calle
o veintitantos almanaques mordisqueándonos la espalda
sin platos sucios
sin mesa, sin boronas.
Se trata de luciérnagas o una lavadora vieja
de nubes grises al otro lado de la puerta.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
El malvado y panóptico Señor Feisbuc. Parte II
Había prometido que cuando las musas me arrinconaran nuevamente, y por aquello del sano equilibrio, me referiría a las bondades del Sr. F. Sin embargo mis planes se han visto repentinamente truncados en estos días, debido a bizarros acontecimientos que me obligan, finalmente, a retractarme de tan ingenua y loable iniciativa.
Pocos días después de que colgara en este blog la inofensiva entrada que lleva por título El Malvado y Panóptico Sr. Feisbuc, me topé con la desagradable sorpresa de que en los muros de algunos contactos, e incluso en el mío, aparecían mensajes supuestamente enviados por Laura Flores, o sea Chita, o sea yo, referidos a un tal video de una página llamada Estultissia.com o algo similar.
Dicho de otro modo, el Satánico Señor estiró la mano, escogió a una de sus adiestradas y transgénicas ovejitas de la granja feisbuc, mejor conocida como Farm Ville, y, dueño y señor de los espacios infinitos, la mandó a jaquearme.
Que dicho ataque haya sido planeado en los invisibles headquarters del Sr. F o que haya sido obra de algún díscolo y simpático cibernauta, poco importa; lo cierto es que se me activó la paranoia y cuando eso le pasa a Chita, no hay vuelta de hoja.
CONSIDERANDO, entonces, que el Satánico Sr. Feisbuc:
1. No acepta crítica.
2. Es enemigo del diálogo.
3. Tiene sus mecanismos internos para purgar a la disidencia y por lo tanto es taliniano.
4. No le gustan los focos de subversión.
5. Se parece demasiado a Óscar Arias.
Esta chita ACUERDA:
1. Agarrar sus chuicas, sus fotos, sus “contactos” y ahuecar el ala, para tratar de volver a su pequeña y desconectada vida antes de Feisbuc.
2. Tratar de volver a las formas de socialización anteriores al Muro, al muro de Feisbuc… tomar café o birra con sus compas, escribir cartas o correos, llamar por teléfono aprovechando su recientemente estrenada incursión en la era celular, seguir hablándole a desconocidos en la calle, saludar al pulpero –el último que queda, por cierto-, y recordar a los mejores amigos que se me han ido muriendo con el paso de los años, incluyendo perros y conejo; en fin, todo ese tipo de cosas que enaltecen mi humanidad.
Hasta nunca Sr. Panopticon, muy agradecida por los sanos ratos de esparcimiento.
Una oveja menos en la granja.
Pocos días después de que colgara en este blog la inofensiva entrada que lleva por título El Malvado y Panóptico Sr. Feisbuc, me topé con la desagradable sorpresa de que en los muros de algunos contactos, e incluso en el mío, aparecían mensajes supuestamente enviados por Laura Flores, o sea Chita, o sea yo, referidos a un tal video de una página llamada Estultissia.com o algo similar.
Dicho de otro modo, el Satánico Señor estiró la mano, escogió a una de sus adiestradas y transgénicas ovejitas de la granja feisbuc, mejor conocida como Farm Ville, y, dueño y señor de los espacios infinitos, la mandó a jaquearme.
Que dicho ataque haya sido planeado en los invisibles headquarters del Sr. F o que haya sido obra de algún díscolo y simpático cibernauta, poco importa; lo cierto es que se me activó la paranoia y cuando eso le pasa a Chita, no hay vuelta de hoja.
CONSIDERANDO, entonces, que el Satánico Sr. Feisbuc:
1. No acepta crítica.
2. Es enemigo del diálogo.
3. Tiene sus mecanismos internos para purgar a la disidencia y por lo tanto es taliniano.
4. No le gustan los focos de subversión.
5. Se parece demasiado a Óscar Arias.
Esta chita ACUERDA:
1. Agarrar sus chuicas, sus fotos, sus “contactos” y ahuecar el ala, para tratar de volver a su pequeña y desconectada vida antes de Feisbuc.
2. Tratar de volver a las formas de socialización anteriores al Muro, al muro de Feisbuc… tomar café o birra con sus compas, escribir cartas o correos, llamar por teléfono aprovechando su recientemente estrenada incursión en la era celular, seguir hablándole a desconocidos en la calle, saludar al pulpero –el último que queda, por cierto-, y recordar a los mejores amigos que se me han ido muriendo con el paso de los años, incluyendo perros y conejo; en fin, todo ese tipo de cosas que enaltecen mi humanidad.
Hasta nunca Sr. Panopticon, muy agradecida por los sanos ratos de esparcimiento.
Una oveja menos en la granja.
martes, 10 de noviembre de 2009
::::
A veces amanece
cuiteada y espléndida.
Otras veces gira con el viento,
y simplemente llora.
Torcida la boca, los ojos abiertos.
Su hipocresía es delgada
adoquinada y nueva.
Tiene parches y grietas
Para sangrarle tiempo a las aceras.
Escupida toda,
Borrada a medias.
Perfecta y desmemoriada
Con sus pedazos de lo que queda.
Despoblada a golpes.
Le mataron los zapateros los tranvías la biblioteca
y quedó renca, como una gran mentira de charcos luminosos
como un puñado de asfalto hirviendo en la retina.
Es la última parada
de las democracias tuertas.
Escaparate rancio donde brillan siempre las mismas muecas,
donde el humo de los buses habla su violencia ronca
de cuartos casinos cartones.
Su violencia es de agua caliente
de cortinas con flores.
Tiene dolarizadas las avenidas
Y parques con sus bancas,
sus fuentes,
sus viejitas tristes.
La violaron entre varios.
Varillas de cemento.
Tiene rótulos largos de diez pisos
No tiene ejército.
Es ella, enjambre de soledades y semáforos
ella toda, sola y hambrienta
y se va borrando poco a poco
luego de cada aguacero.
cuiteada y espléndida.
Otras veces gira con el viento,
y simplemente llora.
Torcida la boca, los ojos abiertos.
Su hipocresía es delgada
adoquinada y nueva.
Tiene parches y grietas
Para sangrarle tiempo a las aceras.
Escupida toda,
Borrada a medias.
Perfecta y desmemoriada
Con sus pedazos de lo que queda.
Despoblada a golpes.
Le mataron los zapateros los tranvías la biblioteca
y quedó renca, como una gran mentira de charcos luminosos
como un puñado de asfalto hirviendo en la retina.
Es la última parada
de las democracias tuertas.
Escaparate rancio donde brillan siempre las mismas muecas,
donde el humo de los buses habla su violencia ronca
de cuartos casinos cartones.
Su violencia es de agua caliente
de cortinas con flores.
Tiene dolarizadas las avenidas
Y parques con sus bancas,
sus fuentes,
sus viejitas tristes.
La violaron entre varios.
Varillas de cemento.
Tiene rótulos largos de diez pisos
No tiene ejército.
Es ella, enjambre de soledades y semáforos
ella toda, sola y hambrienta
y se va borrando poco a poco
luego de cada aguacero.
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