sábado, 3 de octubre de 2009

O

Eso me pasa por olvidar los postes
las bancas
por tragarme el humo
sin saber a dónde me llevará la calle.

Si no fuera por este ojo cansado
que sigue buscándole perros a los huesos,
pupila telúrica y desencajada.
Este ojo triste
amotinado
que se dobla contra el resto de mi cara
contra la sombra de una ciudad que tiembla,
gorda y sola
que fuma y desaparece
en la parte más negra del párpado.

Las dos estamos llenas
Las dos estamos tristes
ciudad y yo
de silencio
y cuitas de paloma.

Somos lo que queda de un vestido rojo
En el armario más olvidado del cuarto,
las uñas quebradas,
una mañana de sol con viejitas que lloran
hasta romper de un solo golpe las aceras.

Mi ojo,
es probable,
morirá atropellado
como si fuera una mosca
encima de un tarrito de mermelada,
y se quitará entonces el nombre que le dieron,
como quien se quita un viejo sombrero
irá la sangre llegando al caño
y las ambulancias
todas,
llegarán a los postes
donde él y yo
seguiremos amotinados contra el resto de la cara,
huyendo de esta tarde que
repentinamente
se habrá quedado sin techos.

5 comentarios:

Asterión dijo...

Este ojo, junto con el gato, van para mi antología personal. Muy bueno.

Saludos.

Noem dijo...

Ay maciza...

:`(

Tartaruga dijo...

Monumento poetico-linguistico.

Mariana D. Sáenz dijo...

wow. mis respetos y un abrazo mop

macizo dijo...

Asterión, Noem, Tartaruguita y Mocpcita...Muchas muchas gracias por venir y comentar. Abrazo grande para uds desde este sur.

 
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