A mi jefe, el nudo de la corbata le queda como soga al dedo, como anillo al cuello.
Es de esas personas que retuercen los ojos cuando sonríen. No sé si me explico.
Tal vez porque sonreír le pasa tan poco que ya perdió la costumbre.
Un día de éstos, traté de hacer un hueco en la pared de su oficina,
un hueco pequeño, nada del otro mundo, y lo único que alcancé a ver fue la corbata de seda apuntando a su garganta, la ventana abierta, su cara de nada, y 25 pisos llamándolo en voz baja.
domingo, 11 de mayo de 2008
jueves, 17 de abril de 2008
Milagro de hora pico
Hoy, después de setenta y muchos días y no sé cuántas idas y venidas, por primera vez y Dios sabe si quizás por última, tuve la extrañísima suerte de agarrar un asiento en el metro.
En hora pico, eso es casi una hazaña, un casi-milagro, un privilegio.
Fue tan raro el asiento, tan anaranjado todo, tan triste la gente de pie viendo mi asiento, tan feliz yo con tanta tristeza de que fuera solo mío, tan contenta mi espalda, tan caliente el aire, tan absurdo el viaje, que no paré de llorar hasta que llegué a mi parada, hasta que todos a mi alrededor se fueron y volvieron y salieron, llenos de asientos y cansancio, llenos de lágrimas. Hasta que se abrió de nuevo la puerta y salí, y el metro se fue.
En hora pico, eso es casi una hazaña, un casi-milagro, un privilegio.
Fue tan raro el asiento, tan anaranjado todo, tan triste la gente de pie viendo mi asiento, tan feliz yo con tanta tristeza de que fuera solo mío, tan contenta mi espalda, tan caliente el aire, tan absurdo el viaje, que no paré de llorar hasta que llegué a mi parada, hasta que todos a mi alrededor se fueron y volvieron y salieron, llenos de asientos y cansancio, llenos de lágrimas. Hasta que se abrió de nuevo la puerta y salí, y el metro se fue.
miércoles, 16 de abril de 2008
sábado, 12 de abril de 2008
miércoles, 9 de abril de 2008
sábado, 5 de abril de 2008
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